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SoyDavid

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Bienvenido. Esta página web es para ti si buscas hacer punto y aparte en tu vida profesional, ya sea buscando un nuevo empleo, diferenciandote en el que ya tienes, o emprendiendo una nueva aventura totalmente distinta.

Durante más de 25 años he cambiado de profesión muchas veces, he sido escolta de seguridad, director técnico en un laboratorio, he descargado camiones, he sido jefe de planta de producción en una industria alimentaria, he sido comercial y jefe de ventas, actualmente estoy emprendiendo mi nuevo proyecto con The cubbe, cosa que compagino con la escritura, soy escritor del libro Tu Decides, que podrás comprar en esta web, además de cuentos metafóricos.

Soy muy creativo y me gusta trasladar este talento a todo lo que hago, formaciones, eventos y talleres. A nivel personal me considero una persona apasionada por la innovación y las nuevas tecnologías, me apasiona trabajar con equipos de personas y retarlas para que alcancen su máximo potencial. Podrás descubrir más buceando por el blog.

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Mi Experiencia

The Cubbe.

2017-Hoy

Mentor de equipos técnicos y comerciales

Creador de esta marca que nace para ofrecer servicios a la industria químico-farmacéutica y alimentaria.

Escuela de Futuro.

2013-2017

Formador Creativo y Coach

Trabajando como coach de emprendedores y buscadores de empleo a través de sesiones privadas o talleres formativos.

Geber-lab, S.A.

2000-2013

Sales Manager

Gestionando equipos comerciales, su formación, su seguimiento, además de mis propias ventas de material técnico.

Tejaoliva, S.A.

1995-2000

Director de Laboratorio y de Planta de producción

Gestioné un laboratorio de control de calidad y la producción de Salsas Mahonesas.

Blog y Cuentos

El pellizco



   Tranquila es la vida envuelta en el cálido abrazo de la rutina, cuando todos los días son iguales y el tiempo pasa, y se enfría como una infusión que ha sido olvidada sobre alguna mesa. Plácidamente flotas por la existencia como una burbuja que se deja mecer por el viento, pensando que es tan perfecta, que tendría que ser eterna, hasta que un día te da un pellizco y de buenas a primeras comprendes la verdad. 


   La burbuja estalla, y miles de gotas se precipitan al vacío sin comprender como llegaron hasta allí. 


   Entonces llega el dolor, el dolor de entender cuál es la única prioridad que existe, la prioridad de seguir viviendo, de volver a flotar y vivir aunque solo sea un día más el sueño, ese que solo hace unas horas menospreciaste. 


   Y comprendes que vivías caminando sobre el filo de una navaja, a un solo traspiés de ser laminado, de desaparecer sin darte cuenta, y ves como los demás siguen allí, funambulistas sonámbulos de vidas que se olvidaron vivir. 


   Y entonces buscas de nuevo esos ojos en los que ni te fijaste, esperando que se abran de nuevo para encontrar en ellos el brillo de la esperanza, la esperanza de una sola mirada más que permita un adiós, ahora ya casi imposible. 


   Y acompasas tu respiración con la suya, intentando que no pare, hasta que te das cuenta de que su fragilidad es la tuya, ese hilo tan fino es el que te mantiene unido a aquellos que amas, y que sin él, perderías para siempre. 


   Y pasan los días, ahora eternos, a la espera de una señal, mientras el frío hace tu aliento tangible, y los pasos hacia su destino te dan miedo, miedo a sentirte tan frágil, tan volátil, tan insignificante. 


   Y a tu alrededor sientes el dolor del tiempo terminado, preámbulo de un futuro incierto; son las gotas de una burbuja que acaba de estallar, y que se hacen lágrimas, surgiendo como un tsunami que llega a la playa tras ser anunciado, y lo arrasa todo a su paso, y ves cómo durante ese tiempo congelado en vidas ajenas, el dolor deja solo desconsuelo y soledad. 


   Y entonces, se obra el milagro, el milagro de poder ver al otro como lo que realmente es, solo un ser humano desnudo frente a la única verdad, y te abre los brazos para sentir un latido, aunque sea extraño, pero sin duda capaz de evitar ser arrastrado por la tristeza, y sientes su calor y tú el suyo, y sus lágrimas, mojan tu cara, y comprendes que una nueva oportunidad nace allí, la oportunidad de comprender que solo te queda el presente, ese instante tan esquivo que tiene la habilidad de esconderse entre las sombras de tu rutina.

El Aniversario


   María y Juan eran matrimonio desde hacía 15 años; vivían en un maravilloso apartamento en la calle Serrano de Madrid; desde su cuarto piso podían disfrutar las vistas de la ciudad. El ruido de la gran urbe se filtraba por las ventanas desde donde podían escucharse el rugido de los coches, las sirenas de la policía y hasta los ladridos de los perros.


   Era una fría tarde de invierno, como aquella en la que decidieron unir sus vidas diez años atrás contrayendo matrimonio. Habían decidido celebrarlo por todo lo alto con una cena romántica a la luz de las velas.

   María se dispuso a preparar la mesa frente a la ventana, le parecía el lugar perfecto para disfrutar de aquel momento junto a su esposo, desde allí se disfrutaba la vida cotidiana de la ciudad. Mientras, en la cocina, Juan preparaba una rica cena compuesta de mariscos y carne; intensos aromas se dispersaron por todo el apartamento anticipando el gran banquete mientras a luz de la velas le daban al salón un aspecto más íntimo y romántico.

   María había comprado uno de los mejores vinos que había podido encontrar, sabía que a Juan le encantaría disfrutarlo, y aunque a ella no le gustaba beber alcohol, la ocasión lo merecía. Colocó la botella cerca del plato donde Juan comería, convirtiéndose sin pretenderlo, en el protagonista de la mesa.


   Juan terminó de preparar la cena y se dirigió a su habitación para vestirse para la ocasión con su mejor traje y corbata mientras María, ya preparada, se quedó sola en el salón, momento que aprovechó para descorchar la botella de vino. 

   Con delicadeza dejó el corcho sobre la mesa, metíó su mano en el bolsillo y con mucho cuidado, sacó un pequeño sobrecillo que abrió con sigilo, para verter su contenido dentro de la botella. Un polvo blanquecino que enturbió por un instante el rojizo color del vino, para después, recuperar su color inicial. 

   Tras dejar la botella en su lugar, María se dirigió a la cocina donde tiró el sobre a la basura mientras una lágrima mojaba su mejilla. Después, se sentó en el sofá a esperar a Juan cuando de repente, escuchó como la puerta del apartamento se abría a su espalda, y vio como un desconocido con pasamontañas entraba y se dirigía a ella para agarrarla fuertemente con su mano derecha para inmovilizarla, mientras con su mano izquierda tapaba su boca y ahogaba un grito de terror y auxilio. Ella intentó escapar dando patadas al aire, pero no logró ningún resultado; en un momento, se encontró atada a una de las sillas con la boca tapada con cinta americana. María estaba aterrorizada, su corazón latía a gran velocidad y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

   En ese momento Juan salió de la habitación para reencontrarse con María, la llamó, pero no encontró respuesta, repitió su nombre sin ningún resultado así que pensó que María estaba jugando con él y se dispuso a encontrarla. Cuando llegó al salón la descubrió atada de pies y manos,  y perfectamente amordazada en aquella silla, pero antes de que pudiese hacer nada, su boca quedo sellada por la mano del ladrón que, rápidamente, le inmovilizó para terminar atado de la misma forma que María.


   Juntos en el salón, frente a frente, con la mesa preparada para celebrar su aniversario, se encontraron atados de pies y manos, inmovilizados, y amordazados, mientras el extraño se dedicaba a buscar los objetos de valor por toda la casa. Puertas abiertas, cajones tirados, jarrones rotos y mucho desorden llevaron finalmente al ladrón de nuevo al salón, buscando calmar la sed que había provocado su intensa actividad, y allí, sobre la mesa, esperándole, encontró la botella de vino de la que no pudo resistir servirse una copa que bebió con ansiedad. A la primera, siguió una segunda, más tranquila, con la que empezó a sentirse peor, hasta que sin poderlo evitar, se desplomó sobre el suelo, muerto.


   Y allí, frente a frente, las miradas de Juan y María, se encontraron de nuevo como si fuera la primera vez.


   Escrito por Marco y David Delgado

La línea


   Un día decides que lo harás, y ese día el cuerpo te arderá, eres de ese tipo de personas a las que les cuesta decidir, pero que una vez tomada la decisión, saben que la llevarán a termino. Ese día empezarás a hacerla pública y comprenderás que el camino no será fácil, unas personas te dirán que eres valiente mientras por dentro piensan que estás loco, otras te lo dirán directamente y unas pocas más incluso se reirán, haciendo chistes a tu costa y sacando a la palestra unas limitaciones que en realidad son suyas.


   Y entonces, cuando todo se calme y vuelvas a estar solo, comenzarás a andar tu camino, un camino de pérdida en el que sin saberlo, con cada paso, dejarás de ser tú para convertirte en otro que quizá ya habías olvidado. Un camino que no existe, en el que no hay horizonte ni luz guía, un camino que aparecerá bajo tus pies con cada paso y que en realidad serán pasos hacia el abismo.

      Y buscarás ir hacia delante, cuando en realidad sabes que estás cayendo en una caída sin final en la que esperas encontrar un paracaídas que impida que te estampes contra el suelo, ese suelo que fue justo el lugar desde donde saltaste.

   Por el camino te irás consumiendo como se consume un cigarrillo abandonado en un cenicero, e inevitablemente intentarás apagarlo una y otra vez, como quien busca salvar su vida de una muerte segura, hasta que quizá, un día, comprendas que es justo ahí donde reside el sufrimiento y que solo cuando todo tu ser se haya consumido y seas solo cenizas, te dispersarás y dejarás de caer para empezar a flotar con el viento aún siendo tú, ahora en otra dimensión, donde las leyes que conoces, aquellas que te hicieron saltar, ya no tienen sentido.

  Pero ahora estás aún ahí, quemándote, sintiendo como el fuego abrasador deshace lo que fuiste, y es justo ahí, ese momento el que luego recordarás como el más relevante, pues ese dolor es el que te hace crecer, el que te hace más fuerte, si eres capaz de trascenderlo, de superarlo, de disfrutarlo.

  Es el dolor de nacer, de crecer, de enfrentarte con lo desconocido, de luchar por tus sueños aún a riesgo de perderlos, y comprenderás que cada uno de esos momentos son como las líneas de crecimiento de un árbol, cuya corteza debe desgarrarse cada año y que después serán las líneas que marcarán quien eres.

   Ese momento es el que realmente define si estás vivo o muerto, el momento de cruzar esa línea, la línea ..... tu línea. 

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