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SoyDavid

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Bienvenido. Esta página web es para ti si buscas hacer punto y aparte en tu vida profesional, ya sea buscando un nuevo empleo, diferenciandote en el que ya tienes, o emprendiendo una nueva aventura totalmente distinta.

Durante más de 25 años he cambiado de profesión muchas veces, he sido escolta de seguridad, director técnico en un laboratorio, he descargado camiones, he sido jefe de planta de producción en una industria alimentaria, he sido comercial y jefe de ventas, actualmente estoy emprendiendo mi nuevo proyecto con The cubbe, cosa que compagino con la escritura, soy escritor del libro Tu Decides, que podrás comprar en esta web, además de cuentos metafóricos.

Soy muy creativo y me gusta trasladar este talento a todo lo que hago, formaciones, eventos y talleres. A nivel personal me considero una persona apasionada por la innovación y las nuevas tecnologías, me apasiona trabajar con equipos de personas y retarlas para que alcancen su máximo potencial. Podrás descubrir más buceando por el blog.

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2017-Hoy

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Trabajando como coach de emprendedores y buscadores de empleo a través de sesiones privadas o talleres formativos.

Geber-lab, S.A.

2000-2013

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Gestionando equipos comerciales, su formación, su seguimiento, además de mis propias ventas de material técnico.

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1995-2000

Director de Laboratorio y de Planta de producción

Gestioné un laboratorio de control de calidad y la producción de Salsas Mahonesas.

Blog y Cuentos

Diccionario Emocional: La Ira

   La ira es otra de las emociones primarias como la tristeza o el miedo, y como ellas es , es decir generalmente provoca sufrimiento en aquel que la siente. Como estamos viendo en este Diccionario Emocional, todas las emociones traen información sobre nosotros mismos y nuestra relación con nuestro entorno y la ira, como verás no es una excepción.

   La ira es fácilmente reconocible cuando la ves en otros, no tanto cuando la estás sufriendo en carne propia, y eso es porque secuestra los sentidos de aquel que la sufre, pero ¿Cómo ocurre este proceso? 

   Abróchate el cinturón, vamos a por ello.


   Todo empieza con algo que ocurre en nuestro entorno, algo que identificamos como un ataque directo a nuestro ego.

   Al enfado, que es una primera sensación de desasosiego y mal estar le sigue la ira si no tomamos control de la emoción, y así el corazón se acelera y el cuerpo entero se agita, la sangre hierve en nuestras venas, y los pensamientos agresivos generalmente dan paso a la violencia verbal descontrolada. La persona ya no es dueña de sus actos, la sed de venganza suele alimentar la llama que de alguna forma hace sentir poderoso a aquel que lo sufre, más fuerte, más grande y rápido, el cuerpo se prepara para una respuesta física inminente y la energía surge del interior como consecuencia de la descarga de adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo.

    La descarga de estas hormonas de forma habitual tiene efectos perjudiciales para el cuerpo tanto a nivel de intestinos, como el estómago e hígado, además suele tener efectos a nivel cerebral pudiendo suponer también dolores de cabeza o migrañas como consecuencia del aumento repentino de la presión sanguínea. Todos estos síntomas pueden verse agravados cuando la persona es capaz de "tragarse su ira", en estos casos la ira pasa a un estadío posterior de resentimiento, donde se consume por dentro generando odio contra el objetivo de su sufrimiento.

   En otras ocasiones, además de las situaciones expuestas, están la de aquellos que desatan su emoción contra otros de forma violenta o aquellos que dan una imagen de aparente tranquilidad, y que acaban violentándose a si mismos, dándose casos de mutilación o enfermedades cutáneas.  Son personas que parecen ollas a presión donde la ira se cuece a fuego lento, y con el riesgo de estallidos repentinos y en ocasiones sin motivo aparente.


   Como vemos, la ira es muy fácil de detectar en otros, y por la rapidez con la que sobreviene, es mucho más difícil de identificar en nosotros mismos, como consecuencia de este hecho, tras los ataques de ira suelen sobrevenir sentimientos de frustración o de impotencia y vergüenza ante lo acontecido.

   Para vencer a la ira no cabe otro camino que el de estar presentes y vigilantes, sobre todo al principio, identificar aquello que hace saltar nuestra ira o nos provoca enfado e indagar sobre que información nos ofrece esa emoción, que aprendizaje hemos de realizar sobre nosotros mismos. Debemos ser así, capaces de perdonarnos a nosotros mismos y desde ahí poner las bases de nuestra propia autogestión. Generalmente las expectativas no cubiertas para el ego son fuente de ira.

   Gestionar el enfado y la ira provocan libertad.

   Las personas que se ven dominadas por al ira suelen infligir miedo a su alrededor, por lo que suele ocurrir que se encuentren solas ante la expectativa de ser diana de sus ataques. Por lo que la mejor forma de ayudar a una persona en ese estado suele ser la comprensión y el abrazo.

   ¿Y tú, como vives la ira? Te espero en los comentarios.


Aprende más sobre emociones con el Diccionario Emocional.

Diccionario Emocional: El Miedo

   La noche es oscura, y vas por una calle en pleno en invierno, todo es silencio salvo por el repiqueteo de las gotas de lluvia sobre tu paraguas, las luces de las farolas iluminan la calle y dejan un rastro de reflejos que confunden tus sentidos, oyes pasos a tu espalda, casi de inmediato giras la cabeza y ves una sombra enorme que está a punto de alcanzarte.

   El corazón se acelera súbitamente, los pelos se te erizan, y tus manos se ponen a temblar haciendo que el paraguas permita que la lluvia te alcance, tus piernas se ponen tensas y empiezas a caminar más deprisa, pero al contrario de lo que pensabas, no te cansas.

   Ya no hay otras preocupaciones, solo esa sombra está en tu cabeza y la posible amenaza que podría representar, miles de preguntas pasan por tu imaginación, tu boca seca reclama más oxígeno para tus músculos, y al mirar al frente el final de la calle parece alejarse más y más a pesar de que ya llevas un rato corriendo.


    El miedo es la respuesta emocional con la que el cuerpo nos avisa de que algo amenaza nuestra integridad, y pone en marcha toda una batería de cambios a nivel fisiológico para poder huir; este mecanismo está preparado para mantenernos vivos frente a situaciones críticas.

      El problema es que el miedo en ocasiones se convierte en irracional, es decir cuando lo sentimos y ya no tiene sentido, puesto que el objeto que lo provocó no representa, al menos de forma inmediata, un riesgo para nuestra integridad. Cuando esto ocurre, debemos ser capaces de gestionarlo, comprenderlo para, de esta forma, evitar que nos paralice.

   Y es que el miedo es uno de los enemigos para el cambio y la acción más potentes que existen, si no el más potente de todos, ya que provoca una parálisis que puede embotar nuestros sentidos haciendonos percibir una realidad así distorsionada, alejándonos de las posibilidades y oportunidades y obligándonos a centrarnos en los problemas y los obstáculos. 

El miedo es el principal enemigo del cambio

   El miedo genera impaciencia y estrés, desconfianza y falta de determinación. 

   En ocasiones esta emoción se convierte en algo presente de forma constante en la vida de una persona, pudiendo incluso afectarla físicamente en forma de dolores de cabeza e incluso ansiedad, y es que el miedo obliga a adelantarnos en el futuro, buscando opciones, consecuencias, que querremos controlar, para asegurar el presente.


   Para vencer al miedo, lo primero que podemos hacer es reconocerlo, mirarlo a la cara y ponerle nombre a la emoción. Pilar Jericó en su bestseller No Miedo, identifica 5 tipos de miedo que pueden ayudarte a desenmascarar a tu propio monstruo y son:

- Miedo a morir.
- Miedo al rechazo.
- Miedo a perder el poder.
- Miedo al fracaso.
- Miedo al cambio.

    Una vez que hayas sido capaz de reconocerlo, debes comprender cuál es su mensaje y racionalizarlo, es decir, verificar realmente sus posibilidades y de que forma podrías evitar las consecuencias sobre las que te avisa. Una vez concretadas, puedes poner las bases para evitarlas al menos parcialmente y continuar adelante con tus objetivos en el presente, consciente y responsablemente.



Visita El Diccionario Emocional para descubrir más emociones.

Diccionario Emocional

   La reinvención profesional tiene un enorme carácter emocional debido a que tienes que salir de tu zona de confort y enfrentarte con la incertidumbre prácticamente a diario, es por eso, uno de los grandes retos, aprender a gestionar y comprender tus emociones para conseguir que actúen a tu favor, y no en tu contra.

   La Inteligencia Emocional consiste precisamente en eso, primero tomar conciencia de lo que estamos sintiendo,  después identificar la emoción, para comprender que mensaje nos transmite y así, finalmente, decidir si es esa emoción la que nos ayuda o por el contrario cambiarla por otra de forma voluntaria. Si no eres capaz de tomar conciencia de tus emociones te conviertes en un muñeco de trapo incapaz de comprender lo que te ocurre y por qué te ocurre.



   Las emociones son la forma que tiene tu cuerpo de informarte de forma consciente de lo que ocurre en tu inconsciente, de esta forma debes saber que detrás de aquello que estás sintiendo hay información sobre lo que tu mente irracional piensa al respecto de lo que ocurre y debo informarte que la mente irracional supone mucho más del 50% de todo tu pensamiento.

 Ponerle nombre a tus emociones es el primer paso para comprenderlas y actuar después en consecuencia hacia lo que te interesa, es decir actuar libremente y no de forma cautiva.

   Para mí, hay dos emociones primarias, que son capaces de sentir prácticamente todos los organismos con cerebro primitivo o reptiliano, este cerebro está orientado a la propia supervivencia y su prioridad es la respuesta rápida. Su origen esta fundamentado en los estímulos visuales u olfativos:

- La Alegría

 Estas dos emociones generan acciones fundamentales para cualquier organismo y que provocan el acercamiento hacia lo que nos gusta o el alejamiento frente a lo que nos hace daño. A este cerebro están dirigidos muchos de los mensajes publicitarios y por lo tanto desde aquí se deciden muchas de las compras.

   Tras estas dos emociones primarias, están toda una serie de emociones secundarias, generalmente gobernadas desde el cerebro límbico, más lento. Algunas de esas emociones son:

- La Tristeza
- El Asco
- El Rencor
- La Envidia
- La Sorpresa

   Durante los próximos meses iremos ampliando la información sobre estas y otras emociones con el objetivo de ayudarte a que  conectes y comprendas tus emociones. No dudes en proponerme las emociones que te interese conocer, nos vemos en el blog.
   

La hoja



    Los calores del incipiente verano abrasaban ya al resto de sus hermanas en aquel fresno cuando aquella hoja aún se resistía a abandonar su yema, allí se estaba más fresquito, pensaba, sintiendo como su envés retorcido dentro de aquel maltrecho capullo se calentaba al medio día.

   Pero a pesar de toda su resistencia, un día la cápsula leñosa al fin se quebró y quedó por primera vez expuesta al mundo. Menos de dos horas después había conseguido estirarse en todo su esplendor, y girarse lo suficiente como para que la calentara el Sol. Aquel primer día pensó en todos aquellos momentos que había estado agobiada en aquella prisión por miedo a calcinarse,  ahora ese verde intenso le permitía exponerse al calor sin ningún problema.


   El verano terminó, y con él empezaron a ocurrir cosas que no podía comprender, compañeras suyas, en su misma rama empezaron a palidecer, quizá sería porque les llegaba menos luz ahora que los días parecían ser más cortos, o a lo mejor era que no les llegaban suficientes fluidos procedentes de la raíz a causa de la sequía, la cuestión era que aquel verde intenso se torno en ocre en muchas de ellas.

- Seguro que es algo pasajero. - Pensó.

   Hasta aquella fatídica tarde de otoño en la que la lluvia intensa y el viento hizo que algunas de sus compañeras se desprendieran aparentemente sin vida del árbol, aquello la hizo estremecer de terror.

- El ocre es la muerte. - Pensó, y seguidamente se echó otro vistazo por encima para verificar que todo seguía bien pero allí, en el ápice, una mancha marrón le puso los nervios de punta.

- Voy a morir. - Pensó y por un instante el miedo fue tal, que la hoja se llegó a cerrar sobre si misma como para protegerse, pero no podía escapar, el peciolo la mantenía prisionera, cautiva de aquello que parecía darle la vida pero que ahora, no era capaz de protegerla.


   Poco a poco el verdor extraordinario fue difuminándose, dejando paso a aquellos tonos ocres que acompañaban a los colores de su alrededor, mientras cientos de sus compañeras caían a diario, sin descanso, hasta aquel día en que solo quedo ella.

   Agarrada a su rama como si fuera lo último que pudiera hacer, aferrada a una vida ya sin sentido, temiendo el fin en cualquier momento, veía en tinieblas pasar los días, cada vez más cortos, más fríos, más solitarios, sin comprender muy bien porque su padre le había dado la vida para quitársela de aquella manera tan cruel.

   Y así, un día cualquiera de aquel invierno, un pájaro se posó sobre la rama donde resistía a su destino y durante un rato intercambiaron miradas curiosas, como de aquello que se ve por vez primera, cuando súbitamente el pájaro picoteó su peciolo y la hoja se desprendió.


   La caída fue como un alivio, tras un instante de pánico, sintió por primera vez en su vida, la libertad, y se dejó mecer por el viento que hasta entonces había sido su peor enemigo, y pudo visitar lugares que jamas había podido imaginar hasta que al final se abrazó a su destino comprendiendo, por fin, el propósito de todo aquello.

El día aquel



   La vida transcurría como el río fluye por una vega, despreocupado, tranquilo; las rutinas mecían la existencia, y los días pasaban sin sentir entre los papeles de la oficina y las tareas del hogar que para ella, eran el propósito de su vida. Las emociones las dejaba para los cumpleaños o las fiestas señaladas en el calendario en color verde, eran como momentos reservados a lo largo del árido anuario para poder respirar por un instante.

   Las noches después del trabajo las pasaba con su marido, juntos en el sofá, entretenida con los juegos de su teléfono móvil y los programas de la televisión, pero en ocasiones se descubría a si misma mirando al infinito, sin saber muy bien a que, como desconectada del mundo, un mundo que hacía ya mucho que había dejado de vivir.


   Aquel día la cosa no empezó bien, el despertador no sonó a la hora acostumbrada y no pudo cumplir su propósito, por lo que llegó tarde a la oficina; allí, entre los gritos de costumbre, descubrió un nuevo asiento vacío, era el tercero que amanecía así ese mes, pero nadie se atrevía a decir nada y ella no pensaba ser la primera en hacerlo, así que como los demás, bajó la cabeza y se puso a trabajar.

   Al llegar la tarde, recibió una llamada, el Director de Recursos Humanos, la esperaba en su despacho. Ella no se preocupó ya que era algo que pasaba habitualmente, preparaba las nóminas y probablemente habría alguna cosa que ajustar, así que se presentó en el despacho con su blog de notas y su lapicero, pero en esa ocasión la atmósfera que se respiraba allí era diferente, entonces descubrió el sobre, allí, sobre la mesa... esperándola. Sin mediar ni palabra lo recogió y lo abrió allí mismo.

   Un rato más tarde salía por la puerta del despacho con una caja que contenía toda su vida profesional, fotos, libros, material de papelería y un peluche que le habían regalado sus compañeros años antes, no hubo despedidas, ni saludos, solo caras bajas y miradas ausentes.

   Al llegar a casa, dejó las llaves en el recibidor y la caja sobre el suelo, se dirigió hacia la cocina pero por el camino, el teléfono sonó y como un autómata lo descolgó.

   El auricular impactó contra el suelo haciendo un ruido sordo mientras se hacía mil pedazos, ella corría escaleras abajo con el bolso agarrado como si fuese el testigo en una carrera de relevos, su vida estaba desmoronándose bajo sus pies y no sabía muy bien que hacer, el coche la acercó al hospital como si hubiese sido teledirigido; mientras conducía, miles de imágenes pasaron por su cabeza, imágenes de hacía mucho tiempo, cuando aún era feliz, quizá todavía quedaba esperanza, pensó, mientras corría por los pasillos lúgubres de aquel hospital.



   No pudo verlo, estaba en la mesa de operaciones, luchando por tener una segunda oportunidad para ella, … para él, ……………. para ti.

La Creactividad

   Ya sabes que me apasiona todo lo que tiene que ver con la Creatividad, pero creo que el título de este post creo que es más correcto para la definición de esta palabra.

Definición de Creatividad

Etimológicamente hablando, tiene su origen en el latín, en el verbo Creare, cuyo significado es Crear.

Biológicamente hablando, deberíamos acercarnos al cerebro para descubrir una de las capacidades orientadas a la producción de ideas originales. Tradicionalmente se identifica a la parte derecha del cerebro como la creativa, pero en realidad hay muchos tipos diferentes de pensamientos creativos y en casi todas ellas, ambos hemisferios están profundamente relacionados.



Mi definición de Creatividad está orientada a ese término un tanto distinto como Creactividad y se apoya en cuatro conceptos relacionados entre sí y que me gustaría compartir contigo a continuación por si te sirve de algo:

- ORIGINAL, es decir que un concepto o idea creativo tiene que ser novedoso, no consiste en mejorar algo preexistente, ya que en ese caso estaríamos hablando de INNOVACIÓN.

- ÚTIL, es decir, debe servir para algo, debe aportar una solución a un problema o necesidad, o debe provocar alguna emoción como en el caso del arte. En este apartado merece especial atención la vertiente económica de la creatividad, y es que no en todas las ocasiones las ideas creativas buscan o deben encontrar un valor económico, ese no es el objetivo de la creatividad, sino el de resolver problemas o necesidades.

- EMOCIONAL, ya que una idea creativa debe emocionar tanto al que la crea como al que la disfruta. Esa emocionalidad no tiene signo, es decir, puede provocar emociones tanto evocadoras como rechazables.

- PERSONAL, ya que te habrás dado cuenta de que si hablamos de creatividad, hablamos de personas y es que esta habilidad es eminentemente humana, en la que conocimientos, intuición, experiencia, sueños y problemas se entremezclan en un momento dado de consciencia para dar lugar al germen creativo. La creatividad es de personas para personas.


   La creatividad en el momento actual es primordial para procesos de cambio y reinvención, en los que necesitarás tomar las riendas de tu futuro de forma "particular" para aportar a la sociedad aquello que necesita desde aquello que te diferencia, tu esencia.

   Y es justamente desde ahí, desde tu esencia, desde donde debe surgir la idea creativa que marca la diferencia con el resto, tu diferencia.

   La conexión con la creatividad, independientemente de la forma en la que se haga será la que ponga las bases de tu crecimiento y el número de personas a las que ayudes en cada uno de los niveles que te comenté será la que marque el nivel de tu éxito.



   Es como un puzle en el que todas la piezas que actualmente se encuentran desordenadas sobre tu mesa, fueran capaces de generar una imagen única, que solo puedes resolver tu. Resolver ese puzle depende de ti, no hacerlo solo te llevará a ser engullido por tu zona de confort.


Y ¿Por qué Creactividad

   Pues porque todos esos conceptos interrelacionados entre si no tienen sentido si no van acompañados de acción, sin acción los ingredientes de esta deliciosa mezcla no pasarán de ser una lista de cosas por hacer, sin acción no hay creación, no salimos de nuestro interior, y mientras la idea no sale de ahí, solo son sueños, conjeturas a la espera de hacerse realidad para cumplir un propósito.

Zona de Confort


   Mucho se ha hablado de la Zona de Confort, pero ¿Cómo te afecta?, ¿cómo detectar si estás en la tuya? y es que es muy sencillo hablar de este término mirando hacia afuera, pero cuando es sobre nuestra propia zona, la cosa cambia.

   La zona se hace con tu vida sin que te des casi ni cuenta; ya se que probablemente piensas que no es así en tu caso, pero no es tan sencillo ya que todo tu entorno está pensado para que caigas en ella y te mantengas en su interior.



   Estar en la zona de confort no es solo una cuestión de sentirse seguro, es más, estar en la zona de confort es vivir en ausencia de sensaciones, de emociones.

     Algunos ejemplos que podrían indicarte que estás en la zona son:

  • Estás en un atasco por la mañana y en otro por la tarde casi todos los días.
  • Tus tickets de compra son siempre casi idénticos.
  • En la televisión ves programas de máxima audiencia.
  • En las elecciones votas siempre lo mismo.
  • Hace mucho tiempo que no conoces a una nueva persona.
  • Te gusta ver repetidas películas, series o escuchar las mismas canciones.
  • No necesitas GPS, te sabes los caminos que transitas de memoria.
  • No necesitas despertador por las mañanas y te duermes en el sofá por las noches.
  • Tienes algún miedo que hace años te impide hacer algo que te gusta.

   Si te has sentido reflejado en algunas de estas situaciones, intenta recordar como te sentías en cada una de ellas...


   Efectivamente, no sentías nada, no hay emoción, solo hay certeza de lo que ocurrirá, quizá una sensación de falsa seguridad. No hay vida ahí, hay repetición, desidia, hay aburrimiento, hartazgo o rendición a una batalla aún cuando no fue librada. Quizá detrás está el miedo, miedo a equivocarse, miedo a sufrir, a sentir, miedo a la vida.

   La zona es una cárcel invisible en la que todos tenemos el riesgo de caer, pensando que aún somos libres, cuando en realidad ya estamos presos.

   Y si eres profesional o tienes un negocio también estos tienen sus propias zonas de confort, independientemente de su situación, y únicamente en los momentos difíciles te darás cuenta que has sido presa de la desidia, del inmovilismo de tu zona.

   Inconscientemente sufriremos nuestras propias resistencias si nos proponemos salir de ella, y repetiremos nuestros patrones una y otra vez aún a sabiendas que se acerca inexorablemente el abismo.

   Productos o servicios que hace tiempo que se crearon y se repiten una y otra vez sin un solo cambio, sabiendo que cada vez interesan menos, recluyéndonos en la oficina evitando enfrentar el mundo exterior, forzando un mercado que hace tiempo que sabes que se agotó, cerrándose a la tecnología, o a las nuevas formas de comunicación, a nuevas palabras, situaciones o lugares.

   Como ocurre con las personas, los profesionales y las empresas, hace tiempo que dejaron de sentir, y la desidia se hizo parte del día a día, no hay pasión, no hay emociones más allá de la ansiedad de que algo inesperado ocurra y nos barra del mercado, acabando con nuestro aburrimiento.

   No es fácil salir de la zona de confort, no es fácil escapar de la rutina cuando se establece como forma de vida, de la seguridad que aporta, de la comodidad, por que en el fondo sabes que, más allá de eso está la vida que anhelas, aquella que un día abandonaste y que aún hoy te está esperando.



   Te invito a arriesgarte, pero no con un órdago a la grande, sino con pequeños pasos que te permitan descubrir que detrás de aquello que temes, en ocasiones está lo que buscas, lo que quieres, está la emoción, el descubrimiento de algo nuevo. Te invito a que descubras nuevos caminos por recorrer, nuevas conversaciones que compartir, te invito a que apagues el televisor y cojas ese libro que lleva años esperándote en las estanterías, te invito a que elijas una película al azar, o a que preguntes el nombre a un desconocido que comparta contigo alguno de tus viajes. Te invito a que llames a esa puerta hasta hoy siempre cerrada o a que acudas a esa feria de tu sector donde el futuro puede estar esperando, te invito a cocinar y arriesgarte a compartir el resultado con quien te apetezca, te invito en definitiva a vivir.


Te Quiero

   Sólo en sus sueños era capaz de encontrar aquellos enigmáticos ojos, y su intuición le decía que tras aquellas pupilas, estaban las respuestas que tanto tiempo llevaba buscando, pero al despertar, como si estuviese hechizado, todo era engullido por el olvido, en un cuento en el que su protagonista, aún no sabe que ha muerto.



   Salía a la calle al encuentro de aglomeraciones donde su mirada furtiva buscaba en los ojos ajenos un salvavidas, como el que ya, a  punto de ahogarse, busca un bote en medio del océano.



  Miles de miradas ausentes, apagadas, sin alma ni brillo, se cruzaban con la suya durante un instante cada día, pero ninguna de ellas era capaz de hacerle despertar.



   Aquel día, en una de aquellas colas que absorbían su tiempo sin darse cuenta, la vida le tenía reservada una sorpresa. Alguien tocó su hombro por detrás, mientras él escuchaba aquella música ensordecedora que le ayudaba a desconectar de la pesadilla del presente. Se dio la vuelta pesadamente, como tantas otras veces, mientras pensaba en como evitar la siguiente discusión, pero algo congeló aquel instante, algo que no podía imaginar.

   Aquella mirada le despertó del letargo infinito en el que estaba sumido, su corazón se aceleró, y sus venas palpitaron, haciendo correr la sangre por ellas, quizá por primera vez. Incluso sus pupilas se dilataron tanto que se tragaron el color de sus ojos intentando descubrir donde estaba el engaño.

   No había tal, aquella mirada era limpia, clara, serena; el color de aquellos ojos era indefinido, inexplicable, pero sentía como le abrazaban sin tocarle, envolviéndolo como en una atmósfera mezcla de calidez y sensualidad. Su brillo le recordó el titilar de las estrellas en aquellas noches de verano en las se quedaba dormido mirando al cielo, y las emociones se difundieron por su piel recordando momentos olvidados amor, de felicidad, de sueños vividos y por vivir.

   Aquella era la mirada que había estado buscando, y que al final, le había encontrado a él, la mirada en la que quería reflejarse cada mañana al despertar, una mirada llena de fuerza y pasión.

   Entonces, frente a aquella desconocida, solo pudo abrir la boca para, por primera vez, decir:

– Te quiero.




Este cuento fue publicado originalmente en la revista de Expocoaching

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