Diccionario Emocional: El Miedo

   La noche es oscura, y vas por una calle en pleno en invierno, todo es silencio salvo por el repiqueteo de las gotas de lluvia sobre tu paraguas, las luces de las farolas iluminan la calle y dejan un rastro de reflejos que confunden tus sentidos, oyes pasos a tu espalda, casi de inmediato giras la cabeza y ves una sombra enorme que está a punto de alcanzarte.

   El corazón se acelera súbitamente, los pelos se te erizan, y tus manos se ponen a temblar haciendo que el paraguas permita que la lluvia te alcance, tus piernas se ponen tensas y empiezas a caminar más deprisa, pero al contrario de lo que pensabas, no te cansas.

   Ya no hay otras preocupaciones, solo esa sombra está en tu cabeza y la posible amenaza que podría representar, miles de preguntas pasan por tu imaginación, tu boca seca reclama más oxígeno para tus músculos, y al mirar al frente el final de la calle parece alejarse más y más a pesar de que ya llevas un rato corriendo.


    El miedo es la respuesta emocional con la que el cuerpo nos avisa de que algo amenaza nuestra integridad, y pone en marcha toda una batería de cambios a nivel fisiológico para poder huir; este mecanismo está preparado para mantenernos vivos frente a situaciones críticas.

      El problema es que el miedo en ocasiones se convierte en irracional, es decir cuando lo sentimos y ya no tiene sentido, puesto que el objeto que lo provocó no representa, al menos de forma inmediata, un riesgo para nuestra integridad. Cuando esto ocurre, debemos ser capaces de gestionarlo, comprenderlo para, de esta forma, evitar que nos paralice.

   Y es que el miedo es uno de los enemigos para el cambio y la acción más potentes que existen, si no el más potente de todos, ya que provoca una parálisis que puede embotar nuestros sentidos haciendonos percibir una realidad así distorsionada, alejándonos de las posibilidades y oportunidades y obligándonos a centrarnos en los problemas y los obstáculos. 

El miedo es el principal enemigo del cambio

   El miedo genera impaciencia y estrés, desconfianza y falta de determinación. 

   En ocasiones esta emoción se convierte en algo presente de forma constante en la vida de una persona, pudiendo incluso afectarla físicamente en forma de dolores de cabeza e incluso ansiedad, y es que el miedo obliga a adelantarnos en el futuro, buscando opciones, consecuencias, que querremos controlar, para asegurar el presente.


   Para vencer al miedo, lo primero que podemos hacer es reconocerlo, mirarlo a la cara y ponerle nombre a la emoción. Pilar Jericó en su bestseller No Miedo, identifica 5 tipos de miedo que pueden ayudarte a desenmascarar a tu propio monstruo y son:

- Miedo a morir.
- Miedo al rechazo.
- Miedo a perder el poder.
- Miedo al fracaso.
- Miedo al cambio.

    Una vez que hayas sido capaz de reconocerlo, debes comprender cuál es su mensaje y racionalizarlo, es decir, verificar realmente sus posibilidades y de que forma podrías evitar las consecuencias sobre las que te avisa. Una vez concretadas, puedes poner las bases para evitarlas al menos parcialmente y continuar adelante con tus objetivos en el presente, consciente y responsablemente.



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