Te Quiero

   Sólo en sus sueños era capaz de encontrar aquellos enigmáticos ojos, y su intuición le decía que tras aquellas pupilas estaban las respuestas que tanto tiempo llevaba buscando, pero al despertar, como si estuviese maldito, todo era engullido por el olvido en un cuento en el que su protagonista, aún no sabe que ha muerto.



   Salía a la calle buscando instintivamente aglomeraciones donde su mirada furtiva buscaba en los ojos ajenos un salvavidas, como el que, a punto de ahogarse, busca un bote en medio del océano.


  Miles de miradas ausentes, apagadas, sin alma ni sueños por cumplir se cruzaban con la suya durante un instante cada día, pero ninguna de ellas era capaz de hacerle despertar.



   Aquel día, en una de aquellas colas que absorbían su tiempo sin darse cuenta, la vida le tenía reservada una sorpresa. Alguien tocó su hombro por detrás mientras él estaba escuchando aquella música ensordecedora que le ayudaba a desconectar. Se dio la vuelta pesadamente, como tantas otras veces, mientras pensaba en como evitar la siguiente discusión, pero algo congeló aquel instante, algo que no podía imaginar.

   Aquella mirada le despertó del letargo infinito en el que estaba sumido, su corazón se aceleró, y sus venas palpitaron, haciendo correr la sangre por ellas, quizá por primera vez. Incluso sus pupilas se dilataron tanto que se tragaron el color de sus ojos intentando descubrir donde estaba el engaño.

   Pero no había tal, aquella mirada era limpia, clara, serena; el color de aquellos ojos era indefinido, inexplicable, pero sentía como le abrazaba sin tocarle, envolviéndolo como en una atmósfera mezcla de calidez y sensualidad. Su brillo le recordó el titilar de las estrellas en aquellas noches de verano en las se quedaba dormido mirando al cielo, y las emociones se difundieron por su piel recordando momentos olvidados amor, de felicidad, de sueños vividos y por vivir.

   Aquella era la mirada que había estado buscando, y que al final, le había encontrado a él, la mirada en la que quería reflejarse cada mañana al despertar, una mirada llena de fuerza y pasión.

   Entonces, frente a aquella desconocida, solo pudo abrir la boca para, por primera vez, decir:

– Te quiero.




Este cuento fue publicado originalmente en la revista de Expocoaching

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