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lunes, 11 de diciembre de 2017

Ameba
   Embobado, miraba a través de la ventana aquella fría tarde de invierno, en la que el viento parecía haber enloquecido y el frío provocaba que su respiración se condensase sobre el vidrio. Los árboles mecían sus copas al viento, y cientos de hojas volaban por doquier en un baile sin sentido.

   De todo aquel espectáculo invernal, había una escena que había concentrado toda su atención, y era el vaivén del bambú al viento; como un contorsionista que es capaz de besarse los pies, el bambú se retorcía de formas imposibles, en un pulso para ver cual de los dos era más flexible.


   El bambú parecía una metáfora de su vida, en la que tenía que adaptarse constantemente a sus circunstancias para poder seguir avanzando, pero de alguna forma, se sentía atrapado como él, por sus  raices, que le impedían volar, sentirse totalmente libre.

   Como en un sueño, su visión quedó empañada entonces por el vaho, así que tuvo que pasar la mano para poder ver el final de aquella escena, y justo en ese momento su madre entró en la habitación para increparle una vez más.

- ¡¡Tienes menos cerebro que una ameba, ahora tendrás que limpiar tú el vidrio!!.

   Con un suspiro, la ventana volvió a empañarse, y con el dedo, casi por instinto, escribió esa palabra con que su madre le increpaba una y otra vez. 

AMEBA

   Un rato después se acostó y, pensando que quizá el sueño de esa noche le trajera respuestas a las preguntas que se hacía una y otra vez, se durmió.
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   Con sobresalto se despertó por la mañana, como movido por una energía insospechada; se vistió, y se dirigió raudo hacia su instituto; por el camino, recogió un poco de agua de un charco en un bote, allí era donde vivían las amebas y quizá ellas tendrían las respuestas que tanto buscaba. Así, entró en el edificio, y como un ladrón que acaba de entrar en un banco, se dirigió sigiloso y determinado hacia el laboratorio, entró a hurtadillas, y sin encender la luz busco uno de los pupitres con microscopio; allí, con una pipeta coloco con sumo cuidado una gota de aquel líquido en un portaobjetos y después, como le habían enseñado en clase de ciencias, la aplastó con un cubreobjetos.

   El experimento estaba a punto de dar sus frutos, encendió el microscopio envuelto en la penumbra y busco dentro de aquel universo diminuto el objetivo de su curiosidad. Allí, en el centro, se encontró con la ameba, que sigilosamente se acercaba a un paramecio, adaptandose al entorno sigiloso. Era Pequeña, flexible, implacable, y ... libre.




   Entonces, y sin poderlo impedir, unas palabras salieron de su boca:

- Gracias mama.

Hola Soy David, Mentor de cambio profesional, consultor de equipos comerciales, escritor, cocinero, y mente inquieta a la que le encanta la innovación, la creatividad y trabajar con las personas y sus retos.

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