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martes, 14 de julio de 2020

El día en que me convertí en una planta
Me miro en el espejo, y aún no puedo reconocerme.
Se dice que lo que no mata engorda, pero os puedo asegurar que no es cierto, este maldito bicho no ha conseguido matarme, pero si me ha dejado con 25 kilos menos.
Todo empezó a mediados de marzo, con toses, y fiebre, soy fuerte; no le hice mucho caso, mis proyectos y mi trabajo eran demasiado importantes como para parar; mi vida transcurría fluida, sin demasiadas preocupaciones hasta aquel día 28, en el que la fiebre y la tos se hicieron ya insoportables.
Allí estaba, en urgencias, territorio desconocido para mí, la sala era lúgubre, me acompañaban otras personas que estaban más o menos como yo, cabizbajas, temiendo lo peor; unas pocas pruebas y acabé ingresado en planta, donde aún permanecí un par de días más. Entonces un ángel apareció en mi habitación y me llevó a la UCI, era la doctora que un mes y medio después me salvaría la vida, mi preciada madre Carmen.
Después de varias carreras por los pasillos del hospital me sedaron y permanecí dormido durante unos 40 días en los que me debatí entre la vida y la muerte..
Ese tiempo de sueño estuvo plagado de las peores pesadillas que se puedan imaginar, la creatividad se volvió en mi contra y la tortura de esas historias terribles sin final se apoderaron de mí. La realidad se mezclaba con la fantasía en un bucle en el que no podía saber si estaba despierto o por fin había muerto. Jamás las olvidaré.
Y entonces llegó el día, debieron retirarme poco a poco la sedación, y finalmente pude despertar para descubrir que me había convertido en una planta. Allí, frente a mis ojos estaba el techo de aquel agujero, donde la luz artificial lo inundaba todo, e innumerables alarmas sonaban por doquier abotargando mis oídos. Personas que parecían astronautas iban y venían sin cesar, sin darse cuenta que allí, boca arriba, estaba yo por fin despierto. Intenté llamarles, pero no podía hablar, entonces intenté levantar un brazo para llamar su atención y descubrí que no podía mover un solo músculo en todo mi cuerpo, me había convertido en un vegetal.
Acaso merece la pena vivir así, la pesadilla no había hecho más que comenzar, el miedo, la incertidumbre se apoderaron de mi. Miraba a los lados de mi cama y descubría que estaba rodeado de un abismo infinito que me impedía salir de aquel lugar. Tubos entraban y salían de todo mi cuerpo, en un empeño por alargar aquel sin sentido. Las lágrimas ahogaban mis gritos mudos, mientras intentaba pedir ayuda o tan solo un poco de agua, fue así como descubrí que la felicidad está en beber un simple vaso de agua fresca cuando uno está sediento.
Totalmente dependiente para sobrevivir, me di cuenta de que todos somos totalmente dependientes de nuestros semejantes, y que muy pocas veces tenemos la capacidad de dirigir nuestro destino, llevo toda la vida haciendo planes y una y otra vez la realidad se encarga de rectificar mi camino, y es que es la relación que tenemos con los demás, lo que hace mover el mundo.
Aquellas personas, ajenas totalmente para mi, se convirtieron en mi sostén vital leyéndome los labios, así descubrían, no sin mucho esfuerzo, mis necesidades más básicas y vitales, ellos son sin duda alguna los verdaderos héroes de esta historia, enfrentándose a la certeza de un monstruo invisible que amenazaba sus vidas y las de sus seres queridos. Siempre dispuestos, siempre con una sonrisa, con una palabra de aliento, con una esperanza que te mantiene agarrado al precipicio e impide que te dejes vencer por ese reto tan enorme. Doctores, enfermeros, auxiliares, celadores, limpiadores, fisioterapeutas y demás profesionales realizando una labor para la que no estaban ni preparados ni dotados. Es la representación desesperada de la lucha entre David y Goliath.
Los médicos y enfermeros me devolvieron la vida, me dieron más tiempo para vivir con mi familia, mi mujer, mis hijos, mis padres y hermana, y mis suegros, Más tiempo para compartir con mis amigos, mis clientes y compañeros.
Los fisioterapeutas me han devuelto la libertad y la esperanza de recuperar el control sobre mi cuerpo, con ellos he aprendido a comer, a levantarme de la cama, a ponerme en pie y caminar, a subir escaleras y mover los brazos, algo que hace apenas un mes me parecía totalmente imposible.
Ahora un nuevo futuro se abre ante mi, más consciente, más paciente, más dependiente; son las enseñanzas que me tenía reservadas esta pesadilla y que he tenido que aprender a base se esfuerzo y dolor, de soledad, de parálisis.
No cometas el error de pensar que esto solo le pasa a los demás, protégete, ponte la mascarilla, los guantes, mantén la distancia de seguridad porque la ruleta rusa sigue ahí, esperando la oportunidad de apresarte y poner en riesgo todo aquello que eres, todo lo que tienes y todo lo que haces.

Hola Soy David, Mentor de cambio profesional, consultor de equipos comerciales, escritor, cocinero, y mente inquieta a la que le encanta la innovación, la creatividad y trabajar con las personas y sus retos.

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